Periodista de profesión y convicción.

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Ismenia Ardila Díaz. Comunicadora Social-Periodista.

jueves, 27 de enero de 2011

Seguimos entre caminos de herradura

Por Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com

No le ha hecho nada bien el más crudo invierno de los últimos años al Cauca. Si bien, aquí no estamos protagonizando las noticias por cuenta de decenas de damnificados por las inundaciones – aunque también los tenemos- , hay grandes derrumbes y deslizamientos especialmente en las vías rurales, donde según los expertos, las condiciones geométricas, de drenaje, capacidad y operación son un chiste. De allí el problema.
Lo que aquí tenemos en nuestro Cauca rural son puros caminos vecinales. Mientras en otros escenarios se habla de las locomotoras de la competitividad y la innovación y si se construirán grandes soluciones viales, aquí seguimos especialmente en esos tiempos de emergencia, a lomo de mula, porque no hay de otra.
El subdesarrollo tiene su máxima expresión en nuestro departamento no sólo en los bajos niveles de escolaridad, la desnutrición, la violencia generalizada, la preexistencia de enfermedades como la tuberculosis, también en su malla vial, que es la misma de la mitad del siglo anterior. No se trata de ‘llover sobre mojado’, a excepción de los accesos a pueblos como Balboa, Mercaderes, Bolívar, Sucre, El Tambo, Morales, Cajibío, Silvia y las principales cabeceras del norte del Cauca, en el resto de los 42 municipios seguimos con caminos precarios, arcaicos y lo más triste, cada vez más desprotegidos, porque no hay recursos para financiar su recuperación y mejora. Recordemos que los recursos por concepto de la Ley 715, dejan un porcentaje mínimo para el mantenimiento de las vías y a los alcaldes no les queda más que echarle la mano a la sobretasa a la gasolina para atender estos menesteres. Pero también es cierto que entre más alejado se encuentre un pueblo de la vía Panamericana, principal arterial vial, por ejemplo, menos captación de recursos por este concepto, porque las ventas en las estaciones de gasolina son mínimas, fuera de las ventas ambulantes que bordean la vía y que mueven otro importante comercio. Pensemos el caso de El Bordo y la variante que de pronto termine construyendo el invierno en el sur del Cauca, que sin duda cambiará la movilidad y trasladará estas oportunidades.
En medio de ese panorama, no deja de ser esperanzadora la reforma en curso a la distribución de las regalías, puesto que permitiría oxigenar con nuevos recursos las expectativas frente a la malla vial, por ejemplo. Las vías son un termómetro del desarrollo de un pueblo y como dicen por ahí “por la maleta se conoce al pasajero” y en un departamento donde su mayor población se concentra en zonas rurales, con estos niveles de atraso en la mejora de su infraestructura, realmente hay mucho por hacer y lo que se hace prácticamente no se ve ni se siente. Claro que paralelo se han enquistado muchos escenarios de conformismo y corrupción en ésta y otras materias de interés público, que también suman.
Bueno, pero en medio de este triste y recurrente panorama, celebremos que en Popayán se ve el esfuerzo por hacer vías de mejor diseño y calidad. Las cosas siempre rezagadas pero llegan, como la sistematización de los impuestos. Ya era justo que en pleno siglo XXI los contribuyentes pudiéramos bajar por internet los recibos o que nos lleguen a la casa. Al menos así dan ganas de ir a pagarlos.
Adenda: periodistas, no se olviden del control social a los abusos y problemas del inicio escolar. Por ahí abundan, no son exclusividad de los colegio privados del calendario B. Investiguen y cuenten a ver si alguien hace algo.

jueves, 20 de enero de 2011

Hilando el nuevo año

Por Istmenia Ardila Díaz
www.el-atrio.blogspot.com

El tiempo corre y en Popayán ya en poco estaremos viviendo la Semana Santa. Igual, a pocos días de iniciado el año es todavía oportuno referir las intenciones que lo rodean. Hablo de los buenos propósitos, esa lista en la que quisiéramos borrar todo lo indeseable del año que expiró al tiempo que afirmamos caminos hacia la felicidad, la prosperidad, el bienestar, etc.
No faltan los típicos planes como bajar de peso, salir de deudas o conseguir el amor perfecto, que en más de una ocasión se quedan en buenas intenciones. Pero igual, es importante hacer el ejercicio individual como colectivo. Las empresas, las instituciones u organizaciones se toman tiempos y espacios para revisar no sólo sus estados de pérdidas y ganancias, todo el ejercicio mismo para proyectarse en el tiempo. Claro que falta para algunos el consabido maquillaje a los informes o “rendiciones de cuentas” para vender una imagen muy distante de la realidad interior. Para muchos funciona y trae réditos. Que hablen especialmente los políticos, que inflan y sobredimensionan las cosas – y muchos se las creen-.
Pero eso es otra cosa, lo que no podemos dejar de hacer es nuestro propio balance y propósitos personales. Cada año tiene su característica, siempre se gana y se pierde. Se intentó, se logró, se avanzó, hubo sorpresas, novedades, golpes, buenas intenciones, oportunidades, conquistas… en fin, podemos ordenar los hechos de diversa manera y derivar los nuevos retos con una buena dosis de entusiasmo. ¿Cuáles fueron los propósitos, las intenciones, las oportunidades, los obstáculos, los resultados, las pérdidas, las ganancias y especialmente, las lecciones? La familia, la salud, la amistad, el amor, el trabajo, tienen su peso específico para el equilibrio vital.
En tiempos complejos como los actuales, las crisis de todo orden están en muchos balances, pero como lo sabemos, detrás de ellas están grandes oportunidades. Los cambios y nuevos retos como la dificultad, hay que asumirlos como parte de nuestra historia y no podemos quedarnos en la queja y el porqué, hay que trascender al para qué y el cómo. Los dolores, las pérdidas, las rupturas o las frustraciones que genere deben superarse y en buena parte lo logramos cuando más allá de descifrar las causas, interpretamos la dirección de las cosas, el significado mismo de lo vivido y asumimos las lecciones.
Cada quien desde su orilla se mira a sí mismo y a su entorno con mayor o menor conciencia y compromiso. Que en el 2011 sigamos haciendo todo para conquistar nuestros sueños pero que no se reduzcan a los beneficios individuales. Asumámonos más allá que como habitantes, como verdaderos ciudadanos del mundo mismo, observadores y dolientes de su cotidiano devenir, dispuestos a actuar y contribuir para prevenir o atender las crisis en curso, respetando los espacios heredados y por legar a otros, con solidaridad y tolerancia. El tejido de la existencia tiene para unos y otros toda clase de puntadas, con mayor o menor complejidad. Intentemos trascender en lo social, no les dejemos esa sola tarea a unos pocos, pero igual, el ejercicio empieza desde adentro.

miércoles, 12 de enero de 2011

Un regalo para Popayán

Por Ismenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com

Recién pasaban las fiestas de Pubenza y el cumpleaños de Popayán, el mundo entero estaba expectante del desarrollo de la “Operación Tormenta del Desierto”, liderada por Estados Unidos y sus aliados con el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU para tumbar el régimen de Sadam Husein. Muchos auguraban el inicio de la ‘Tercera Guerra Mundial’. El 16 de enero de 1991 en mi primer día de trabajo en El Liberal, a las 7 p.m, justo cuando celebraba la entrega de la página de agencias –Internacional- bombardearon a Bagdad, tuve que empezar de nuevo y esperar la media noche para asegurar un cierre fresco con la noticia del día. Lidiaba entonces con el turno de un computador –de los primeros que llegaron en la modernización liderada por los Galvis de Bucaramanga- y el Word Perfec. Y mientras me adaptaba a un escenario de información caldeado por operaciones aire-tierra-aire a través del Telex y el Telefoto de la AP, advertía el contraste de una ciudad en calma, donde a diario “no pasaba mayor cosa”, por no decir que “nada”. Los reporteros locales sufrían para completar las noticias de la página y estar a cargo de una de ellas era sinónimo de tenacidad. Las páginas Popayán y Judicial eran un verdadero dolor de cabeza para el periodista titular. Nunca había suficientes temas y a las 6 p.m. cualquier dato era rastreado con verdadera desesperación para cerrar mientras se pedía a gritos una foto a Dairo y se lidiaba con la presión de Armada. En Judicial casi todos los días había que completar con notas de Colprensa y de paso prepararse para el regaño del Dr. Alejandro en la visita mensual al diario. Pero qué hacíamos, no podíamos inventarnos las peleas, los heridos o los muertos y el voceador no dejaba de reclamar la cuota de sangre. Entre tanto, nuestra directora, Aura Isabel, advertía sobre muchas formas de violencia social aún por escarbar. Luego avanzaría el proceso de paz con el M-19 en territorio caucano y las historias de reconciliación se tomarían por derecho propio las páginas.
Han pasado 20 años, Popayán celebra 474 de fundada, luciendo como una de las capitales más antiguas y tradicionales del país. Una de las primeras en la historia nacional y penúltima en la modernidad. Entonces, los huecos de las calles ya eran queja diaria y recién se estrenaba la elección popular de mandatarios con gran expectativa. Sin duda eran otras las circunstancias y abuso de la referencia para advertir los drásticos cambios que ha sufrido. He reporteado de diversas maneras sus cambios, desde la floreciente reconstrucción hasta el terremoto social y político que sobrevino al sismo de 1983 llegando al tiempo en que se pueden editar diarios completos con noticias judiciales. He aprendido a valorar y a respetar su tradición, historia y cultura, a entender la parsimonia de muchos hechos de su devenir diario, a entender la idiosincrasia de sus gentes, sufrido la intriga y envidia de algunos en contraste con el afecto y el calor humano de muchos tantos. He compartido con propios y extraños, llegados de tantos lugares que en mayor o menor proporción padecemos la enfermedad que más daño le hace: la incultura ciudadana. En un cumpleaños más de la señorial ciudad que me acogió y que defiendo con afecto, a la que sirvo con amor y entrega, les pregunto, ¿qué tanto la conocemos? qué tanto la queremos y hacemos por ella? Todos podemos hacer mucho más por Popayán y este sería un buen regalo.