Por Istmenia Adila Díaz
www.elatrio.blogspot.com
Nos pregunta por estos días la encuesta del sitio WEB de El Liberal “Cree usted que Popayán está preparada para enfrentar un terremoto de gran magnitud? Y la respuesta es contundente, como era de esperarse: más del 95% de los lectores estiman que no. Sin embargo, por lo que se advierte en el entorno local poco parece importar. Tristemente ni con todas las noticias provenientes del Japón el tema vuelve a la agenda pública, mucho menos a la de los propios aspirantes al primer cargo del municipio o al Concejo Municipal. Sin duda no atrae votos ni arrebata pasiones, dirán algunos. Este como otros temas fundamentales de la Popayán y el Cauca de hoy deberían estar en la agenda diaria de discusión, más allá de la preocupación de los expertos, a los que poco o ninguna atención le prestamos, pero que sin duda tendrán cosas valiosas qué decir.
No se trata de lucir de ‘ave de mal agüero’, pero lo que está pasando en el mundo entero, debería ponernos en alerta y sintonía con estos temas. El próximo 31 de marzo se conmemorarán 28 años del terremoto de 1983 y además de rememorar la magnitud de la tragedia y la reconstrucción, todos los que habitamos hoy esta ciudad, deberíamos preguntarnos, si esto se repitiera, ¿qué? Para una ciudad con el riesgo sísmico de Popayán y los registros históricos de lo ocurrido en 1564 y 1736, con una creciente incultura ciudadana, el pronóstico debería preocuparnos. Sumémosle a la escasa capacidad de respuesta frente a un riesgo latente como éste, la grave des financiación del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, que tiene a sus directivos al borde del cierre de sus servicios. ¿Cómo enfrentaríamos una emergencia de este tipo?
Los japoneses son hoy ejemplo para el mundo por la forma como están enfrentando este duro momento histórico y ya hasta se compara su comportamiento con el de los chilenos y haitianos frente a sus recientes tragedias telúricas. Su historia y ubicación geográfica les ha hecho crecer entre la dificultad: invasiones, guerras, bombas atómicas, terremotos, pero han salido adelante como una nación pujante que aprendió a convivir con los fenómenos naturales y a recuperarse económica y socialmente.
En las empresas, hogares, colegios y espacios cotidianos tenemos que revivir el tema de la prevención de desastres porque nos estamos quedando cortos. Buen pretexto para reivindicar de paso valores como la solidaridad, el buen trato, el buen vecino, remedio para muchos otros males sociales que nos aquejan. El tema debe estar en la agenda pública de los aspirantes de las próximas elecciones, como la preservación de nuestras fuentes de agua, la explotación minera y otros temas de alta sensibilidad, cruciales para la supervivencia misma, pero eso exige dejar a un lado la vanidad de los “egos” y construir un discurso distinto haciendo protagonistas a otros actores y escenarios comunes para todos.
***
Coletilla: Paradojas de una ciudad en crisis: mientras nos quejamos de la falta de espacios de recreación, las pocas zonas verdes y parques terminan pavimentados o urbanizados ante la indiferencia de todos. No dejemos solos a los vecinos del parque El Recuerdo.
Periodista de profesión y convicción.
jueves, 24 de marzo de 2011
jueves, 10 de marzo de 2011
¿Pereza pre electoral?
Por Istmenia Ardila Díaz
isardiaz@gmail.com
Aunque con una buena dosis de desgano por ahora y a la espera del paso de la Semana Santa, cuando se destaparán, como es tradicional, todas las cartas –léase nombres, respaldos, alianzas, avales, propuestas, etc.-, avanza el año electoral en el Cauca. En este contexto es innegable nuestra crisis de liderazgo como la bomba social que nos rodea. Pero seguimos en la quejadera y cada quien pensando y hablando por su lado, incluidos empresarios e instituciones. Como quien dice, sálvese quien pueda. Pero al paso de las semanas sonarán los jingles de campaña invocando el trabajo en equipo, para todos, con todos y por todos… ¿Mero discurso? Interesante si nos sirve de pretexto para repensarnos y movilizar verdaderas acciones conjuntas, más allá de los intereses de los patrocinadores de las candidaturas.
Es claro que una cosa piensa el dirigente político y otra el ciudadano del común, otra el precandidato y otra el gobernante de turno. Imagino por estos días, por ejemplo, al dirigente pensando cómo asegurar la estrategia para que los finalmente elegidos sean los más cercanos a sus intereses, que no le representen peligro alguno y le aseguren sus cuotas; el gobernante de turno, cómo ayudar a que lo suceda alguien cercano, que le ‘cuide la espalda’ de las embarradas cuando deje el cargo; muchos precandidatos, cómo asegurar respaldos, endosar votos y promesas más allá de las propuestas. Del otro lado, los ciudadanos del común, unos totalmente indiferentes e incrédulos de que esto pueda cambiar, otros esperando las propuestas y entusiasmándose o mirando cómo participar o sacarle provecho a las diferencias de unos y otros en beneficio propio. Bueno y qué decir de lo que pensarán los patrocinadores de los candidatos.
Al margen de las propuestas y apuestas, que por supuesto hay que escuchar, contra preguntar y analizar, es fundamental revisar qué hay detrás de éstos, más allá de las palabras y el discurso, porque puede sonar bonito, bien construido, pero sólo eso. Ojo con su historia personal, sus ejecutorias y acciones, sus antecedentes, la personalidad misma, eso que da cuenta de verdaderos liderazgos y capacidades. Y es que algunos creen que ser líder no es más que ser jefe. Lamentablemente, muchos jefes no tienen visión ni liderazgo pero sí poder, para decidir sobre mucha cosas pero no necesariamente para resolver los problemas que urgen respuestas.
Ante la magnitud de la crisis del departamento necesitamos liderazgos forjados con verdadero compromiso, transparencia, inteligencia, creatividad y capacidad de gestión. Además de saber quiénes son realmente, ¿Cuál es su visión del mundo, de la ciudad, de la región? cuál es su capacidad de trabajo? transmiten confianza, autoridad? Entusiasmo colectivo? No basta con pregonarlo, hay que despertarlo, demostrarlo.
Afuera hay un Cauca sufrido que quiere cambiar el rumbo de su historia, que tiene un gran reto, hoy, inaplazable, buscar sus mejores líderes para seguir la dura cruzada que no permita más naufragios. El discurso de la riqueza, la pluriculturalidad, la laboriosidad y el legado histórico no se discute pero raya con las duras realidades que vemos de a pie en nuestras calles, en lo que queda de nuestras carreteras y pueblos, en la angustia de los campesinos que se debaten entre la pobreza, las intimidaciones de los grupos al margen de la ley y la presión hacia toda clase de actividades ilícitas con su destrucción ambiental y cultural.
Coletilla: Huele feo el tema del aseo pero no precisamente por los problemas del relleno sanitario.
isardiaz@gmail.com
Aunque con una buena dosis de desgano por ahora y a la espera del paso de la Semana Santa, cuando se destaparán, como es tradicional, todas las cartas –léase nombres, respaldos, alianzas, avales, propuestas, etc.-, avanza el año electoral en el Cauca. En este contexto es innegable nuestra crisis de liderazgo como la bomba social que nos rodea. Pero seguimos en la quejadera y cada quien pensando y hablando por su lado, incluidos empresarios e instituciones. Como quien dice, sálvese quien pueda. Pero al paso de las semanas sonarán los jingles de campaña invocando el trabajo en equipo, para todos, con todos y por todos… ¿Mero discurso? Interesante si nos sirve de pretexto para repensarnos y movilizar verdaderas acciones conjuntas, más allá de los intereses de los patrocinadores de las candidaturas.
Es claro que una cosa piensa el dirigente político y otra el ciudadano del común, otra el precandidato y otra el gobernante de turno. Imagino por estos días, por ejemplo, al dirigente pensando cómo asegurar la estrategia para que los finalmente elegidos sean los más cercanos a sus intereses, que no le representen peligro alguno y le aseguren sus cuotas; el gobernante de turno, cómo ayudar a que lo suceda alguien cercano, que le ‘cuide la espalda’ de las embarradas cuando deje el cargo; muchos precandidatos, cómo asegurar respaldos, endosar votos y promesas más allá de las propuestas. Del otro lado, los ciudadanos del común, unos totalmente indiferentes e incrédulos de que esto pueda cambiar, otros esperando las propuestas y entusiasmándose o mirando cómo participar o sacarle provecho a las diferencias de unos y otros en beneficio propio. Bueno y qué decir de lo que pensarán los patrocinadores de los candidatos.
Al margen de las propuestas y apuestas, que por supuesto hay que escuchar, contra preguntar y analizar, es fundamental revisar qué hay detrás de éstos, más allá de las palabras y el discurso, porque puede sonar bonito, bien construido, pero sólo eso. Ojo con su historia personal, sus ejecutorias y acciones, sus antecedentes, la personalidad misma, eso que da cuenta de verdaderos liderazgos y capacidades. Y es que algunos creen que ser líder no es más que ser jefe. Lamentablemente, muchos jefes no tienen visión ni liderazgo pero sí poder, para decidir sobre mucha cosas pero no necesariamente para resolver los problemas que urgen respuestas.
Ante la magnitud de la crisis del departamento necesitamos liderazgos forjados con verdadero compromiso, transparencia, inteligencia, creatividad y capacidad de gestión. Además de saber quiénes son realmente, ¿Cuál es su visión del mundo, de la ciudad, de la región? cuál es su capacidad de trabajo? transmiten confianza, autoridad? Entusiasmo colectivo? No basta con pregonarlo, hay que despertarlo, demostrarlo.
Afuera hay un Cauca sufrido que quiere cambiar el rumbo de su historia, que tiene un gran reto, hoy, inaplazable, buscar sus mejores líderes para seguir la dura cruzada que no permita más naufragios. El discurso de la riqueza, la pluriculturalidad, la laboriosidad y el legado histórico no se discute pero raya con las duras realidades que vemos de a pie en nuestras calles, en lo que queda de nuestras carreteras y pueblos, en la angustia de los campesinos que se debaten entre la pobreza, las intimidaciones de los grupos al margen de la ley y la presión hacia toda clase de actividades ilícitas con su destrucción ambiental y cultural.
Coletilla: Huele feo el tema del aseo pero no precisamente por los problemas del relleno sanitario.
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